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miércoles, 14 de marzo de 2012

Aceptación

Mirándote entiendo qué has venido a enseñarme.

Humildad, generosidad, pero sobre todo aceptación.

Aceptación de la imperfección que soy: yo, que deseo ser perfecta con la rigidez y encorsetamiento que supone.

Aceptación de mi imperfección, de mis fallos, de mi egoísmo, de mi necesidad de nutrirme para nutrirte: yo, que consideraba la maternidad una especie de martirio sacrificial escogido con el que iba a exorcizar mis demonios y convertirme en una virgen maternal.

Aceptación de mi límite, para no entrar en barrena, instalarme en la ira y herir a tu padre, mi pareja, mi hombre, mi amado... a quien tan olvidado tengo por dedicarme a ti...

Aceptación de ese hermoso compañero que me acompaña y sostiene, en silencio, con amor.

Aceptación de que no puedo ser la madre que deseo pero soy la madre que soy y quiero aprender a amar y honrar a ésta porque es grande y bella para ti.

Aceptación de mi madre, a quien también deseo cambiar y hacerla a mi medida.

Aceptación, en definitiva, de la Vida tal y como es, sin este ansia de control, producto del miedo, que me atenaza y quiere encasillar la vida en compartimentos estancos.

Aceptación total y absoluta de quien soy, permiso de fluidez para mi vida, mi alma y mi corazón, para que la Vida sea lo que Es, con todo lo que trae y lleva, con todo lo que Es porque SÍ.

Desde hoy, un rotundo SÍ a quien soy, a la madre que soy, al hombre que amo, a la madre que me parió, a la hija que parí y a todos los que me rodean y todo lo que me rodea.

Un rotundo SÍ desde mis entrañas, con todo mi amor y todo mi coraje, con toda mi sombra y con toda mi luz, con todo mi dulzura y toda mi guerrera, con toda la fortaleza y toda la delicada vulnerabilidad que soy.

Desde hoy, un rotundo SÍ a la Vida.

Gracias, Hija <3

miércoles, 29 de febrero de 2012

Revelaciones puerperales de la sombra

A veces tengo pensamientos y fantasías sobre una vida diferente a la que tengo:

No estoy con David sino con otra pareja o en ciernes de tener otra pareja (nunca me imagino sola, dato relevante sobre como me doy identidad a través de las relaciones).


Estoy embarcada en algún proyecto profesional que me satisface (pero no como en mi vida real, que ya lo hago, si no de forma que me convierto en rica y famosa).


Por lo que deduzco, aparecen tres síntomas:

  • Mi necesidad neurótica de significarme a través del Otro y mi dificultad para afianzar mi sentido de identidad autónoma (vamos, enganchada a la oxitocina -droga de las relaciones- de siempre, no solo con la maternidad). 
  • Mi necesidad neurótica de ser vista y reconocida, la Mirada que me faltó de niña y con la que ahora me comprometo a mirar a Uma.
  • Y cómo no la gran necesidad neurótica de ponerme palos en las ruedas, piedras en las alas, lastres en las aletas... para superarlos y sentirme capaz (eso es lo que me mantiene  girando en la rueda cual ratoncilla enjaulada por los hábitos de mi mente).

De modo que observando a Uma tengo la gran oportunidad de observarme y aprender, de cuestionarme sin juzgar y sorprenderme de descubrirme de esta manera (os aseguro que me sorprendo, para quienes me conozcáis seguro que estos síntomas son superevidentes pero es ahora cuando yo ilumino mi sombra).


Gracias, Uma, por tu claridad :)


Así que el compromiso es este: aceptar de Verdad, de Corazón, con Todo lo Divino y Humano, con Todo lo Sagrado y Profano, la vida que tengo.

Vida que he creado con mis actos anteriores, no lo olvidemos; y es una Bella Vida: Uma, David, el momento que vivo con mi familia de origen, con l@s amig@s que ya sé quiénes son, las experiencias que he vivenciado y de las que he aprendido en mi andadura yóguica y vital, las palabras que fluyen a través de mí, los aspectos materiales que nos hacen la vida más fácil y despreocupada....
Y el compromiso es también actuar en consecuencia, consciente y relajadamente, a partir de ahora para que la vida futura sea como deseamos.

Dios, la Vida... como quiera llamársele, ya está retribuyéndome (siempre lo ha hecho) cuanto hago (Uma, este gran Regalo, es prueba de ello).


Eso es todo...


Y la inspiración, la conexión diarias, una dádiva de la lactancia: recibo en tanto doy...

 
Qué milagro, qué sencillo y qué extraordinario al mismo tiempo.

Abrazos a todos <3

lunes, 27 de febrero de 2012

Pies dentro II

Esta última semana (y un poco más, tal vez: la maternidad es tan intensa que torna el concepto tiempo en algo taaaaan relativo) he vuelto a colocar un pie dentro y otro fuera del puerperio.

Resultado: me he disociado y, en consecuencia, estresado (dolor de espalda -sobre todo lumbar- y de cabeza, llanto -siempre sanador y clarificador, si no me quedo enredada en el enojo y la ira-, discusiones de pareja, peticiones de ayuda, sentimientos de dualidad: queriendo estar fuera y dentro... lo mismo que escribí en el poema); Uma ha llorado más que de costumbre reclamando mi mirada y presencia y todo era un torbellino que me llevaba de un lado a otro.

Porque una cosa es estar mirando de verdad a Uma y jugando con ella, a su altura (o sea tumbada), y otra vagar por la casa "haciendo" mientras ella está tumbada "siendo".
Y una cosa es estar presente 100% para ella, vacía de mí -de mi ego y, por tanto, de mis "necesidades" (¿qué más necesario y liberador que conectar con el aquí y el ahora absolutos que ella me ofrece, sintonizar con su plenitud, con su totalidad inabarcable?)- y otra estar allí sin ser realmente, oír sin escuchar, acompañar sin sostener.

Tal vez el listón que me coloco es demasiado alto pero YO sé que soy capaz de hacerlo. Lo sé. Siempre lo he sabido.

Sé que si no pretendo (divina pretenciosidad, la mía) tener un valor, si acepto no ser nada, sólo ser SU MADRE (¡y cuánto es!) todo fluye, todo tiene sentido y yo soy bebé con ella y me sumerjo en el inefable mar de las sensaciones.

Pero si quiero satisfacer mi necesidad egoica de ser alguien en este mundo social, si quiero estar con un pie dentro y otro fuera del puerperio (y siendo magnífica en ambas cosas, a la perfección, ¡cómo no!), ni estoy en misa ni repico campanas...

Percibo que mi límite aparece cuando ADEMÁS de criar a Uma pretendo hacer más cosas.

Mi límite surge si ADEMÁS de criar a Uma me embarco en una y mil actividades que hasta ahora me definían (conducir la energía de grupos, estar pendiente de las redes sociales... valorarme en función de cuánto aporto en esta sociedad productiva).

Aparece (gran maestra Uma: me inclino ante ti por hacérmelo presente cada día) la dificultad para Ser, sin más; emerge de nuevo el neurótico síntoma de complicar todo lo que sé que es simple y natural y con lo que (bendita circunstancia innata) conecto sencillamente.

Surge la necesidad neurótica de poner obstáculos donde no los hay para superarlos y sentirme capaz (toma estrategia agotadora, así tengo yo esta energía inagotable que practico desde niña).

Me asusta lo fácil porque en realidad todo es taaaaan fácil, tan sencillo... 
Sólo es preciso sentarse y conectar... 
Ser... 
Nada más... 
Yo, que tantas veces lo he escrito y tan a menudo lo olvido :)

Gracias Uma por ser Espejo Claro, Transparencia Absoluta, Diáfano Reflejo.

Con el Amor Inconmensurable de quien se vacía de una y se llena de Luz, te amo :) <3

PD Gracias al magnífico grupo de Migjorn: las familias Mila-Laura-Gianni; Berta-Agnès-Jaume; Teresa-Georgina-Lluís; a David, a nuestra psicoterapeuta Juliana y a la lúcida y sabia "abuela" Montserrat Catalán por traerme de vuelta y recordarme el camino a casa. Les amo profundamente :) <3

miércoles, 22 de febrero de 2012

Uma y Mamá

Hoy es mi cumpleaños.
Y en tres días será el primer trimestre de Uma.
Hoy hace un año que fue concebida.

Siento que no soy suficiente. Y que no sé cuál es la fecha real de su nacimiento.


No me puse sola de parto (pese a que fue vaginal, sin epidural ni episiotomía), por eso creo que no soy suficiente mujer, suficiente hembra. Sé que es patológico y neurótico, pero es lo que siento (yo, que escribí al respecto: no sólo era MI parto, sino SU nacimiento).


Y desconozco (temo) las implicaciones que la inducción al nacimiento puede tener para Uma.

¿Qué día habría nacido de no haber sido inducida?
¿Y cómo?
¿Intervine en algo que puede perjudicarla?

A veces, como hoy, la duda y la culpa me corroen, la insuficiencia: el "revolcarme" en mi mentira personal primigenia: además de lo que sé, ¿cómo fue realmente mi nacimiento para sentir que no soy suficiente?


Estos han sido días duros.

Las lágrimas han sido cosustanciales a la leche.
Hemos atravesado juntas de la mano -corazón con corazón- nuestro primer gran desierto (los otros eran menores).

Toco fondo para satisfacer su demanda. Integro la distancia entre la madre que quiero ser (la madre ideal) y la madre que soy (la madre real).

Me rebela mi límite pero lo acepto, es saludable: entonces puedo fluir siendo su madre.
Entiendo y permito otras figuras de maternaje a riesgo de caer exhausta y no poder atenderla si no doy espacio y papel al resto, si no pido ayuda a la excelente tribu que respetuosamente me acompaña y sólo está esperando mis peticiones.
¿Por qué necesito que me necesite?
¿De dónde nace esa necesidad de sentirme útil?
¿Por qué mi autoestima se fundamenta en cuán de útil soy para el resto?
Si siento que no soy suficiente, el ser utilitaria es la solución: admirable estrategia neurótica, la mía :)...

No necesito ser útil ni suficiente.

Ya lo soy para Uma por el simple hecho de existir y ser su madre.
Y soy millones de cosas maravillosas más, para ella y para mí...

Vivencio que cada vez que su cuerpo atraviesa un brote de crecimiento, el mío se conecta con la sombra de la psique (y de las células) y me conduce a donde evito en la vigilia consciente y reprimida.

Bendito espejo la maternidad: la misma transparencia, la misma claridad, la misma evidencia de Uma se manifiesta en mí si me entrego...

Hoy es mi cumpleaños y casi el primer trimestre de Uma. Después de escribir esto y "ordenarme" ya me siento mucho mejor. Poco a poco iré respondiéndome a todas las preguntas. Lo sé. Gracias por estar ahí, sosteniéndome...

lunes, 13 de febrero de 2012

Estas gélidas y soleadas mañanas de invierno.

Aquí estamos, Uma, en estas gélidas y soleadas mañanas de invierno. 
Ahora no podemos salir mucho: paseamos por las mañanas pero cuando atardece ya nos quedamos en casa...

Nacer en invierno no nos ha dejado jugar mucho piel con piel, aunque aprovechamos cualquier cambio de ropa o pañal (y son muchos créeme), el masaje diario, el baño... para quedarnos desnudas y abrazadas, sensualmente enlazadas en nuestro placer, entregadas a la sensación del tacto de nuestras pieles en contacto... La piel es tu primera escuela...

Por las mañanas, jugamos y reímos en la cama... como ya "hablas" y emites una gran variedad de sonidos para lo pequeñita que eres (2,5 meses), permanecemos un rato entre las sábanas divirtiéndonos... Dos cambios de pañal más tarde (el primero te libera de la humedad de las micciones nocturnas y al sentir el pañal limpio siempre evacúas: tienes un jovencísimo pero maravilloso y puntual reloj intestinal), bajamos a la cocina. Pasas la mañana entre el fular y la mantita de juegos, atendida, sostenida, escuchada, mirada... y duermes bastante aún... lo que permite a mamá estar con el ordenador, leer el periódico, hacer algo de la casa que papá no haya podido hacer...

A las 12 salimos a pasear, abrazadas en nuestro fular, a veces con el carrito como llevacargas, otras sin él... Vamos a un lindo parque. Otras veces a tomar un desayuno salado. Por el camino te enseño cosas y sus nombres: los árboles, las flores, las piedras, los colores... Gozamos del privilegio de vivir en un bello pueblo cercano a Barcelona, que conserva su aire rural y empedrado...

Después, volvemos y mamá come (muchas veces papá ya está aquí y comparte con nosotras, otras viene a las 16-17 h). 

La tarde es para la siesta, más juegos o para que papá nos lleve a sitios con el coche (tú y yo lo cogemos para lo necesario , pero prefiero ir de paquete y estar atenta a ti :). También paseamos si hace bueno.

Son días muy hermosos a tu lado: observarte es descubrir el mundo a través de tus ojos y eso es maravilloso.
Disfrutar de tu alegría es un regalo inconmensurable .

Abu Loli y tío Iván también vienen a vernos una o dos mañanas a la semana y tod@s disfrutan de ti y tu presencia [y tu Presencia (tu capacidad de estar presente, en el aquí y el ahora, en el sintiempo, y de conducirnos a él a quienes vivimos en el tiempo)]. Al resto de familia, los vemos, al menos, una vez a la semana. Te encanta estar con gente y sonríes a tod@s...

Estos son nuestros días en estas gélidas y soleadas mañanas de invierno. 

Una bendición de Vida.

Te amo,

Mama

miércoles, 1 de febrero de 2012

Reflexiones tras una sesión de renacimiento durante la gestación de Uma

En estos momentos me siento enfadada. Enfadada porque casi toda mi vida (menos esos instantes de claridad y lucidez que agradezco) he estado ocultándome tras la máscara de la ayuda a los demás para no tomar la responsabilidad de mi vida, que es de la única manera en que se puede ayudar al prójimo.
Todos y cada uno de los  días de mi vida me he colocado tras otros (mi madre, mis hermanos, mi padre, David, la amiga de turno, algún alumn@...) desde la falacia de la ayuda para no asumir el verdadero y absoluto poder sobre mi vida. Y todos y cada uno de los días de mi vida los he culpado (sobre todo a la familia) por impedirme ser yo.

¡Valiente estrategia: primero los utilizo-manipulo para no ocuparme de mí misma y después les acuso!

Tengo miedo de mi luz, temo quien soy, temo de cuánto soy capaz, temo el desbordarme (y por ello controlo y domino: ésa es mi manipulación), temo el poder que tengo y he preferido no ostentarlo, me he desentendido de la responsabilidad real que conlleva ser quien soy... pero nadie puede huir para siempre de lo que es... sobre todo si por otro lado toda mi intención y todos mis esfuerzos están dirigidos a encarnar mi esencia. ¡Qué flagrante contradicción!  así me oculto, me disfrazo, me amago... pero es tan evidente, tan frustrado y agotador el intento... que digo ¡basta: se acabó!

A partir de ahora me dispongo a amarme, respetarme y honrarme como merezco y desde ahí establezco relaciones creativas y constructivas con los demás.

Mamá, Iván, papá, David (sobre todo) y el resto, os pido perdón por haberos manipulado y utilizado desde mi inconsciencia e ignorancia y os agradezco que me hayáis seguido amando aún en mi imperfección y neurosis.  

Ahora voy a a volver a decirme lo anterior en un tono dulce, compasivo y de aceptación y en segunda persona.


Mi querida niña, no te enfades. Sentémonos y hablemos. Sientes rabia, en tu hígado, agazapada en el costado derecho de tu cuerpo (ovario-ombligo-plexo solar-pecho-trapecio-nuca-oído-ojo-hueso frontal) y la sientes porque has descubierto la mentira en la que has vivido y a la que te has habituado, pero ahora te sientes verdaderamente incómoda. 

Y, ¿sabes lo mejor? Que NO PASA NADA: lo que ocurre es para celebrarlo, con la mentira desarticulada ya no la volveremos a activar :) y de ese modo te liberas.

Tenías tus razones (o creías tenerlas) para actuar así y nadie te enseñó que podía ser de otro modo y esas fueron las circunstancias. Construir esa muralla, esa separación de lo que realmente eres, era necesario para sobrevivir allí donde estabas, para crecer, para construir el ego que ahora trasciendes, para que hoy puedas disolver la dualidad y ser Una y con ella Uno, para que sepas que ya no es necesaria, que ahora puedes ser quien eres realmente y tienes suficiente energía, fortaleza, apoyo, sabiduría y amor para hacerlo.

No temas y ¡adelante! Yo estoy aquí contigo para ayudarte a ser feliz y plena.

Perdónate, mi niña, no te regocijes en la culpa ni te revuelques en la impotencia... déjalo estar (let it be), suéltalo, suéltalo, permítete ir, abre la mano, deja que se disuelvan los nudos emocionales y abandónalos, ríndete (nada eres y nada te pertenece: todo es Vida y Tú eres Vida: ¿qué más quieres?).
Entrégate... La fe y la confianza te ayudan, lo sabes, tú amas la Vida por encima de todo, porque te amas a ti, ríndete a la Vida, ríndete...

Abre tu corazón, ahí puedes contener el universo entero (los pasados, los presentes, los futuros, lo que siempre existió y lo que aún no ha nacido), cuanto imaginas puede ser sostenido, contenido, amado y aceptado por tu Corazón. Permite que se expanda.
Que tu inhalación lleve a él tu dolor, tu sufrimiento, tu culpa, tu miedo, tu ira, tu vergüenza. Y que tu exhalación le dé su espacio en el corazón: a cada dolor, a cada sufrimiento, a cada  culpa, a cada  miedo, a cada  ira, a cada  vergüenza: “me abro a ti, eres parte de mí, te abrazo, te amo, te acepto, también eres yo”. Y se irán integrando en ti. Y ya no habrá rechazo, sólo amor y aceptación profunda por cuanto eres.
¿Quién dijo que eso no podía ser amado? La Vida ama cualquier manifestación de su existencia, cualquier manifestación de ti... Porque Todo es Lo Mismo con múltiples formas.

Ya está, mi amor, ya ha pasado. Mezámonos, mezámonos, yo te sostengo, protejo y amo. Yo estoy siempre, siempre a tu lado. Yo vengo a ayudarte a que saques de ti tu mejor tú. Recuerda lo que hemos hablado, tenlo presente y ven a mi lado siempre que lo necesites. Yo estoy aquí para ti. Te amo.

lunes, 30 de enero de 2012

El nacimiento de Uma. Relato de un parto

Vamos alejándonos de la energía del parto y consolidamos nuestra relación fuera del vientre.


Fueron nueve largos y maravillosos meses gestándote: atravesé muchas etapas, conocí los aspectos extremos de mi ser -los mismos que afloraron en el alumbramiento-. La sensación de soledad insondable e inconsolable fue lo que más me sorprendió por evitada y reprimida hasta entonces, el grito poderoso de "ven, estoy aquí, tenme en cuenta" que aparecía en mis crisis durante el embarazo y obviamente tuvo su presencia en el parto.


Parirte fue un proceso de varias etapas.


Las últimas semanas surgió el control y autocontrol que ejerzo sobre mí y los demás (el pretencioso control que pretendo ejercer sobre el dinamismo, fluir y misterio de la Vida: bendita miedosa y desconfiada :)


Eso me impedía pasar de contracciones aisladas a rítmicas, aumentaba peligrosamente mi tensión arterial y alargaba la gestación, de modo que en lugar de lo previsto (siempre el control) acabamos en el hospital (donde nos respetaron muchísimo).


No me gustaron los tactos (demasiado invasivos) pero uno de ellos permitió colocar las prostaglandinas que desencadenaron contracciones rítmicas.


Escuchamos un mantra durante toda la primera parte del acortamiento del cuello (fuimos al hospital con él bastante acortado). Yo te hablaba y cantaba interiormente y a cada contracción basculaba la pelvis para permitir la apertura y tu descenso. De 3 am a 6 am bailamos juntas: círculos, ochos, cuclillas...


A las 6 am, con el cuello borrado, y algunos centímetros de dilatación, estábamos oficialmente de parto: no necesitábamos más intervención externa, nos felicitamos con Ana, la comadrona hospitalaria que tan bien nos acogió, tanto amor y sostén nos dio y supo ganarse nuestra confianza. Para aquel entonces, además de papá estaba M. Jesús, comadrona de Migjorn, nuestra preferida, la más espiritual, con nosotras...


Empezaron contracciones más fuertes, pero suficientemente espaciadas como para recuperarnos. Girábamos con la pelota, adoptábamos la postura de cuatro patas y de cuclillas, nos mojábamos zona lumbar, vientre y genitales con el agua de la ducha, nos estirábamos a descansar, seguíamos escuchando el mantra...
Entre contracción y contracción, visualizaba el mar, un floreado prado de hierba fresca e imágenes similares para que tú (para que yo) te relajaras. Yo seguía muy conectada a ti...


Tras la ruptura de membranas (rotura de aguas) cambió la cualidad interna: de mi integradora espiritual salió la guerrera dual (yo frente al mundo, yo frente al dolor, yo frente a lo que sea...).
Tengo más lagunas de esas contracciones, recuerdo cómo aumentaba progresivamente la intensidad del dolor, cómo los ahhhh se transformaron en gritos y cómo éstos se convertían también en una llamada de atención "ven, estoy aquí, tenme en cuenta", para reclamar a tu padre o un determinado trato en el hospital: yo no hablaba, volvía a ser la básica y primaria que gritaba, que aúllaba, que rugía... sin más.


Cada contracción me acercaba más a ti. Recuerdo a papá presionándome los puntos del sacro que le había enseñado Eva, nuestra doula -que tanto nos cuidó antes y tanto nos ha cuidado después del alumbramiento-, a M. Jesús acunándome, sosteniéndome y guiándome con su dulce voz ("no te resistas, entrégate..."), recuerdo sentir la intensidad de la punzada del dolor y caer rendida tras él, irme, desaparecer, sumergirme en un gozoso letargo del que me despertaba otra contracción y entonces recordaba que estaba de parto y que ambas continuábamos nuestro trabajo (estoy segura que a ti te ocurría lo mismo: sentías la presión del útero empujándote, oprimiéndote... y después la satisfacción ronroneante del descanso, de la tregua antes de otra contracción...).


Sucedieron contracciones realmente placenteras... En algunas de ellas, aplicábamos nuestros recursos, dábamos pábulo a la confianza y navegábamos la ola del dolor: ascendíamos con él, lo sosteníamos con la voz y la respiración y descendíamos... y la sensación de placer, de éxtasis... era inmensa. En otras, olvidábamos la integración y batallábamos desde la guerrera dual y entrábamos, sosteníamos y salíamos de la contracción "por ovarios", firmemente ancladas a tierra, apoyadas en la fuerza infinita de las piernas, sintiendo la inaudita fortaleza de los pies, las piernas y la pelvis... Toda la parte inferior del cuerpo poderosa, fuerte, vital...


En algún momento nos sentaron en una silla para ir a una sala de dilatación (la dilatación era casi completa). Al llegar (el desplazamiento es una nebulosa en medio de un ensueño entre contracciones), recuerdo sentir que no estaba M. Jesús y sí una comadrona del hospital que no había visto hasta entonces. Eso rompía mis planes (mi control) y grité, grité, grité... chillé, chillé, chillé... llamando a M. Jesús (siendo el bebé que reclamaba a mi madre: "ven, estoy aquí, tenme en cuenta", entendí después) para que me ayudara y sostuviera.


En un momento de lucidez -de lucidez, no, la lucidez estaba en el instinto que me estaba permitiendo parir- en un momento cerebral comprendí que M. Jesús no iba a estar y que sólo contaba con David. Me dispuse a confiar en él, pues era quien estaba a mi lado y quien ha estado en el embarazo y lo está ahora.


En la sala, llegamos enseguida a dilatación completa (conseguimos pasar de 2 a 10 cm en 5 horas: somos unas campeonas primíparas :) y empezó la fase de alumbramiento.


Recuerdo las tremendas ganas de pujar, el poderoso deseo de empujar y empujar y empujar y gritar y gritar y gritar... rugiendo desaforada fuera de mí: a cada pujo estabas más cerca, a cada grito más fuera, a cada rugido más abajo...


Recuerdo ver gotas de sangre en el suelo y tener un momento de sorpresa ("sangro", me dije).


Recuerdo el latigazo del sacro a la nuca, el dolor inmenso, el poner mi cuerpo al límite del límite, el ir más allá del más allá...


Recuerdo algunas palabras de la comadrona (que después, pese a su aridez de trato inicial, resultó ser de gran ayuda). Me decía que estaba coronando y si quería tocarte o verte con un espejo (no lo hice porque estaba muy cansada, para no agotarme del todo: sólo quería empujar), me preguntó en qué postura deseaba dar a luz y que evitaría en todo lo posible la episiotomía pero que acercaba el material por si tenía que intervenir para que no me desgarrase el periné.


Recuerdo estar estirada en la camilla tras una tremenda contracción e incorporarme para ponerme vertical.


Papá, que había llorado al ver parte de tu coronilla al fondo del canal de parto, me decía que empujara, que un poquito más, que ya estabas casi, "veo a Uma, está aquí, un poquito más, Aran, es Uma, está aquí, un poquito más...", "no puedo", decía yo... "Claro que puedes, Aran, un poquito más, un poquito más y estaremos con Uma, estaremos los tres...". Y yo empujé y empujé, hija, y creí morir. Y grité y grité para que ese grito me ayudara a darte a (la) luz, a la Vida y empujé, Uma, empujé con toda mi vida, con toda mi alma y todo mi corazón, toda yo en juego, apostándome entera para parirte. Empujé, Uma, empujé con mi vientre poderoso de mujer abierta, con mi pelvis salvaje de hembra animal, con todo mi ser abriéndose para darte paso, hija, para sacarte de mí y que fueras una y libre separada de mi cuerpo, pero siempre unida a mi alma y a mi sangre. Y empujé, mi niña, empujé gritando el grito primario de la tierra dando a luz a la vida y papá te cogió en brazos llorando y te puso sobre mí -nuestro primer abrazo- y yo sólo daba las gracias. "Gracias, gracias, gracias...", repetía sin cesar. Gracias a Dios, a la Vida, a ti Uma, a papá, a mi madre, a mi padre, a todo mi linaje... a todos. Gracias al mundo por aquel momento, por aquel milagro, por aquella oportunidad tan única y divina, por darme el regalo más maravilloso de la existencia.


Te sostuve en mis brazos, te giré para ver tu linda carita, mi niña. La comadrona me informó de que no había desgarro ni necesidad de puntos y llevó mi mano a tu cordón para que comprobara cuándo dejaba de latir: cuando lo hizo, papá lo cortó. Gritaste con mucha fuerza y vitalidad. Buscaste mi pezón, mamaste... íntimas, perfectas, naturales, piel con piel, unidas para siempre... Alimentándonos, nutriéndonos la una de la otra. Expulsaste tu primer meconio, en menos de una hora realizaste todo el trabajo instintivo que era necesario.


Desde entonces nuestro instinto nos sigue guiando. Mamamos, dormimos juntas, nos abrazamos continuamente en el porteo, te canto, te hablo, te explico, te cuento, te ríes, Uma, sabes sonreír y reír con lo chiquitita que eres, gorgojeas... seguimos embarazadas por fuera: el olor, el latido, lo básico...


Pese a que no pude alumbrarte en casa, como era mi deseo, y mi control me impidió iniciar el parto por mí misma, me siento muy feliz de cómo llegaste al mundo. Los primeros días del postparto lloré por los detalles que me desagradaron pero ahora comprendo que no sólo era MI parto, era sobre todo TU nacimiento. Era la Vida siendo como es y mi ego no es nada para no dejarla fluir y permitir ser.


Así que humildes gracias por enseñarme desde el primer instante en nombre de la Vida lo que es la aceptación y la confianza, Maestra mía.


Gracias por darme la oportunidad de vivir el vértigo del no control, la insoportable libertad de lo salvaje e instintivo, de lo primario, de lo de siempre y para siempre, de lo eterno...


Con el inmenso amor que siento por ti, mi vida, gracias.


Te amo, Uma


Mama